Para comprender el Currículum evangelizador (Parte 1)

Para comprender la misión educativa de la Escuela Católica debemos analizar su propuesta formativa y en particular la propuesta de enseñanza aprendizaje, evidenciando la coherencia entre el proyecto educativo pastoral y el proyecto curricular, los que debieran potenciar el desarrollo personal de estudiante en relación a los requerimientos del país y a la raíz identitaria carismática de la institución.

Preguntarse por la posibilidad de un “curriculum evangelizador”, equivale a preguntarse sobre la misión de la Iglesia en la escuela. ¿es posible en la y desde la escuela intentar aquella evangelización?

Por lo tanto comenzaremos afirmando que lo central en la escuela es la relación entre las personas, porque está en el centro de la vida humana. De esa manera la escuela, en tanto lugar de socialización, es lugar de relación, es una configuración institucionalizada de un conjunto complejo de vínculos entre las personas. Por supuesto que esto que decimos de la escuela lo podemos sostener de cualquier institución social, con la diferencia que la escuela apunta a la maduración consiente de dichas relaciones en el marco de un proyecto educativo particular. En este sentido la comunidad es la fuente, el lugar y la meta de la evangelización. Es una comunidad la que planea la evangelización de sí misma buscando crear y recrear comunidades.

A esta afirmación primera, podemos añadir desde nuestra mirada de creyentes, una segunda: la relación entre las personas es el lugar del encuentro con Dios. Si además intentamos articular ambas afirmaciones, podemos señalar que la relación entre las personas es el lugar del nacimiento de las ciencias, de las artes, de los lenguajes, de los saberes. De dicha articulación surge nuestra tercera afirmación: Todos los saberes han nacido como lecturas del encuentro de las personas y como potenciación de esos mismos encuentros. Y, al mismo tiempo, son posibilidades para el encuentro con Dios.

El Hermano Pedro Gil, sostiene: “El encuentro humano y su interpretación científica son la puerta de Dios: porque llenan nuestra conciencia o nuestra experiencia de los datos necesarios para recibir a Dios” (Mario Cabrera (2006) La pastoral educativa: hermenéutica religiosa de una comunidad docente).

Ahora bien, quizás podríamos preguntarnos ¿por dónde comenzar? Para ello es necesario que el maestro, el docente descubra la primacía de la pregunta en la búsqueda del sentido y la primacía del sentido sobre los meros hechos. En otras palabras, la competencia para el discernimiento como integrador de toda otra competencia que pensemos trabajar en la escuela. En apretada síntesis, podemos decir que la posibilidad de la escuela cristiana es la profundización de las relaciones entre los saberes y el misterio de la Encarnación, entre el eje antropológico (de la experiencia humana) y el eje teológico (de la irrupción del Dios de Jesús en la historia).

Los riesgos.

Algunos modos habituales de cómo se relacionan evangelización y propuesta curricular que pueden confundirnos son:

  1. Pensar que una escuela se torna cristiana por el conjunto de actividades religiosas que se realizan en la misma. Es decir, las acciones religiosas que se asocian a lo pastoral tales como celebraciones eucarísticas, oraciones, grupos de catequesis, liturgias, catequesis sacramental no definen integralmente lo pastoral en la escuela. Esto generalmente lo hacen las parroquias y no necesariamente las escuelas.
  • Pensar que una escuela se torna cristiana por el tipo de educación moral que reciben sus alumnos. Esto es una manera muy particular de entender la fe cristiana y su iniciación. Reconocemos que ésta es una cuestión compleja ya que la educación moral no es el simple anuncio de valores o conductas. Sin embargo, podemos realizar dos afirmaciones que nos parecen oportunas: la primera es que la fe implica un comportamiento ético determinado. La segunda, la fe no se reduce a dicho comportamiento. La educación moral debe entenderse como una educación propositiva en un marco pluralista. Lo contrario sería insuficiente.
  • Pensar que una escuela se torna cristiana por la yuxtaposición de contenidos de tipo religioso junto con los demás contenidos curriculares. La existencia de estos contenidos reducidos a la hora de religión o de catequesis no termina configurando una propuesta de pastoral educativa. Lo específico de la escuela es lo educativo y que se concreta en los procesos educativos que se dan a nivel de itinerarios y de aula, en lo curricular, en los contenidos, etc. Lo específico de un plantel docente es su ciencia, su saber, su cultura. Lo que buscan los que se aproximan a una escuela, aun a una católica, es la transmisión/re-creación de los saberes de nuestra cultura. Si la escuela quiere hacer una propuesta pastoral, tiene que ser en un diálogo con el saber, una pastoral acerca de los saberes: Si la pastoral que llamamos educativa no está en los currículos académicos, en los sectores de aprendizaje, si no está ahí, sencillamente la evangelización no asume la lógica de la escuela, y por ende la pastoral no está, sólo pasa a ratos por la escuela, pero no se queda.

La propuesta formativa de una institución escolar y en particular la propuesta de enseñanza aprendizaje, se transforman en procesos significativos de una educación humanista cuando logra la coherencia entre el proyecto educativo pastoral institucional y el proyecto curricular que potencie el desarrollo personal de cada sujeto de la comunidad educativa en relación a los requerimientos del país y a la raíz identitaria, carismática de la institución. A esto nos referimos al distinguir una escuela con pastoral de una escuela en pastoral. Todo es educativo y todo es pastoral. Esto no quiere decir que la educación católica pretenda desviar la enseñanza y los aprendizajes del objetivo que le corresponde en la educación escolar. En este contexto, se cultivan todas las disciplinas con el debido respeto al método particular de cada una. Sería un error considerar estas disciplinas como simples auxiliares de la fe o como medios utilizables para fines apologéticos. Ellas permiten aprender técnicas, conocimientos, métodos intelectuales, actitudes morales y sociales que capacitan al alumno para desarrollar su propia personalidad e integrarse como miembro activo en la comunidad humana, a partir de su propio proyecto de vida personal. Por lo tanto, los diversos sectores de aprendizaje presentan, pues, no sólo un saber que adquirir, sino también valores que asimilar y en particular verdades que descubrir. Entonces, la responsabilidad de una institución con un proyecto educativo pastoral es de consagrarse sin reservas a la causa de la verdad, distinguiéndose por su libre búsqueda de toda la verdad acerca de la naturaleza, del hombre y de Dios. Las disciplinas ya son cristianas cuando, ensenándolas, se busca la verdad, porque el descubrimiento y el reconocimiento de la verdad orientan al hombre a la búsqueda de la Verdad total.

En cuanto a la interdisciplinariedad, hay que reconocer que el incremento de la especialización del conocimiento nos llama a un trabajo de integración de todo el saber. De tal manera que los profesores y animadores de un proyecto educativo-pastoral, deben esforzarse constantemente en determinar el lugar que les corresponde y el sentido de cada una de las diversas disciplinas en el marco de una visión de la persona humana y del mundo iluminada por el Evangelio, y, consiguientemente, por la fe en Cristo como centro de la creación y de la historia. Aquella interdisciplinariedad, respetando a cada disciplina, que se enseña de manera sistemática y según sus propios métodos, ayudará a los estudiantes a adquirir una visión orgánica de la realidad y a desarrollar un deseo incesante de progreso cultural.

Marco general de un perfil de egreso

Toda propuesta curricular responde a la intención de formar un perfil de persona que no es neutro; por lo tanto, debemos preguntamos al momento de desarrollar nuestra propuesta curricular: ¿para qué desarrollar un Currículum Evangelizador? Para transitar a un perfil de estudiante que:

  1. Cree en Jesucristo y en el evangelio y expresa su fe comprometiéndose existencialmente con la construcción de la sociedad, cultivando su dimensión de creyente en diálogo abierto con una visión humanista del ser humano.
  2. Desarrolla un conocimiento verdadero de sí mismo; asume e integra sus capacidades y limitaciones personales en su crecimiento humano y las pone al servicio del cambio social, especialmente en favor de los más necesitados.
  3. Cultiva una actitud optimista, dialogante y creyente.
  4. Comprende, analiza y es crítico frente a los saberes y aprendizajes desarrollados durante su formación escolar, articulándolos en una sólida formación en donde los conceptos, los procedimientos y las actitudes aprendidas le permiten reconocer la dimensión social y trascendente de su proyecto de vida personal-profesional.
  5. Es consciente de su libertad, siendo responsable de sus actos, autónomo en sus decisiones, razonable en sus planteamientos cristianos, coherente con sus convicciones y responsable en sus actos, expresado en un espíritu solidario y democrático.
  6. Desarrolla su capacidad de diálogo, asume la verdad como un gran valor, es respetuoso con los demás, aceptándolos con sus limitaciones, cualidades y diferencias, buscando establecer relaciones auténticas y armónicas con ellos.
  7. Participa de la vida cívica y eclesial, cultivando un ciudadanía activa y fortaleciendo su celebrando y testimoniando su fe, de modo particular a través de los sacramentos.