El concepto de calidad en la Escuela Católica

Un breve acercamiento al concepto de "calidad" en el marco distintivo de las organizaciones educativas católicas.

Calidad Integral

Sabemos que en la búsqueda de la calidad, es posible optar por diferentes caminos: desde aquellos que en función de ella sacrifican la equidad, pasando por iniciativas rigurosamente técnicas desprovistas de valores, hasta situarnos en la perspectiva de una “calidad integral”. A juicio de Jorge Seibold (2000) , calidad, equidad y valores, son tres conceptos que no pueden tratarse por separado.

Dentro de este marco de la calidad integral, que va más allá de la concepción de la calidad total, que se centra en la efectividad y en la eficiencia como las supremas categorías del funcionamiento escolar correcto (donde el proyecto educativo queda reducido a la simple correspondencia funcional entre objetivos planificados y rendimientos constatados, dados en un proceso de continua adecuación), no se puede dejar de reconocer que existe un cúmulo importante de conocimientos sobre escuelas efectivas, que si bien constituyen una mirada limitada a la calidad, al reducirla al nivel de logro de los estudiantes en pruebas estandarizadas, el análisis de dichas experiencias entregan datos para una mejor gestión de los establecimientos educacionales, que resignificados en vista de una gestión/animación para una educación de calidad integral, puede ser un importante aporte.

En la escuela se debe asumir un compromiso profundo con la evaluación continua y los resultados, pero asumiendo que la calidad, como “calidad integral”, exige que la gestión debe ser eficaz en el logro de esos resultados con metodologías e intervenciones coherentes con lo que declara el Proyecto Educativo Institucional y el proyecto curricular institucional. La escuela no mide su calidad sólo por los resultados escolares promedio de sus alumnos, sino que desde las exigencias de la calidad integral, asume la responsabilidad por la equidad y la formación valórica. Es fundamental que los estudiantes, no solo algunos sino todos (respetando los ritmos de cada uno de ellos), logren ser ciudadanos íntegros.

Este desafío es el primordial que debe enfrentar la gestión de una escuela. El dar cuenta de los declarado en la misión institucional, lo cual excede los estrechos márgenes de las mediciones externas de orden academicistas.

Entonces,  pensando en una escuela confesional ¿Qué nos deja satisfechos cuando hablamos de calidad?

La Animación-Gestión en nuestras escuelas si bien solicita capacidad de respuesta oportuna y de calidad que exige del apoyo de las ciencias sociales y humanas, con un modelo consistente y eficiente; es por sobre todo Animación-Gestión vivida desde la atención y escucha del Espíritu que es quien genera, guía y acompaña  lo “…algo nuevo que está naciendo”. (Is. 43,19), y que nos inspira a tener un permanente criterio preventivo, a cuidar un ambiente educativo y a promover una presencia animadora entre los jóvenes.

Requiere la complementariedad y convergencia de múltiples intervenciones y la participación a distintos niveles de interacción. Fija necesidades y prioridades para la elaboración del presupuesto anual y decide las inversiones que tienen que ver con la labor educativo-pastoral. 

Descubre con realismo optimista, las “semillas del Verbo” escondidas en la tierra de lo cotidiano. Ofrece –desde el ambiente el testimonio y la propuesta curricular, para niños y jóvenes – un estilo de vida propio de la espiritualidad del creyente. 

Centra la atención en el desarrollo de los procesos cognitivos, afectivos y trascendentes de los estudiantes y no sólo en el aprendizaje de los contenidos. 

Anuncia y denuncia, es valiente, se juega por lo humano contra un sistema económico, cultural y político inhumano, injusto y de muerte, asume el compromiso del cuidado de la vida. 

Genera gusto y pasión por  saber y conocer, por vivir y festejar, por la liberación propia y de los demás. Favorece la apertura de la Comunidad educativa a su entorno sociocultural y la interacción con el mismo, y promueve los vínculos con las redes locales de diverso tipo.

Promueve el proceso de evaluación y mejora constante como forma de crecimiento institucional en coherencia con el PEI.

Custodia la calidad de vida, y cuida la formación continua en los ámbitos: académico-pedagógico y  pastoral-carismática de todos los actores educativos, con especial atención a quienes se incorporan a la Comunidad educativa.

Por lo tanto, la calidad un modo se ser y hacer escuela propio que es capaz de dialogar con los modelos existentes y futuros, pero al mismo tiempo posee una riqueza identitaria que debemos cultivar, salvaguardar y promover como un imperativo carismático en la integración educación-evangelización.