En tiempos de Covid, las familias desconocidas se hacen conocidas.

Esta es la oportunidad de sanar el corazón de nuestro país, la familia…

Un filósofo del siglo XVII, Karl Jasper, refiere sobre las situaciones límites, aquellas que se encuentran fuera del control humano, vida, muerte, enfermedad, vejez, etc. 

Ellas nos mueven el piso y nos hacen salir de nuestra zona de confort, nos confrontan con la finitud de nuestra vida. 

La pandemia que hoy vivimos ha generado un espacio de reflexión personal, familiar y social.  Presenciamos bajo la mirada de los medios comunicación lo que sucede a personas, familias y naciones.  Lo que genera un nuevo desafío en una sociedad donde compartimos espacios físicos comunes, como lo es la casa. Las familias en, no pocas oportunidades, experimentan una cierta soledad, a pesar de que viven con otras personas de su grupo familiar, los miembros de la familia descubren que viven como conocidos y no como familia. Es en ese sentido, donde el volver a conocernos de verdad, dentro de la misma familia, puede ser una oportunidad única e irrepetible. Las circunstancias pueden convertirse en oportunidades. 

Todas las personas abordan diferentes tipos de duelos, uno de ellos es el de la pérdida de a salud o de la autonomía, en este caso, experimentamos el temor tras la pregunta ¿y si fuera yo contagiado? El miedo paraliza al ser humano y no le permite proceder en todas sus capacidades, afectivas, relacionales, espirituales, sicológicas, físicas, etc.

Este tiempo de quedarse en el hogar, puede ser una oportunidad valiosa de aprender a valorar lo básico y fundamental, tomar gusto por una sencilla conversación, donde desde la simpleza de los afectos, se interesan, desinteresadamente en el otro, como acto primario liberador del egoísmo vacío y mezquino de la competitividad deshumanizada. Las cosas más simples pueden tender a tensar la relación familiar cuando se esta mucho tiempo en casa, a diferencia de que antes solo casi se pernoctaba en la vivienda.

Ahora el desafío es claro, ¿Cómo reaprender a convivir, sin morir en el intento?

Acciones sencillas se vuelven complejas, como realizar el aseo, tener tu propia intimidad, el deseado silencio se reemplaza por gritos infantes, música fuerte, el cuarto de estar, copado de gente de la familia. En estos gestos, donde el respeto y el decoro que con esmero se enseña en los colegios, a veces queda corto por falta de práctica en el hogar, ya lo decía un docente: el colegio será el primer hogar cuando el hogar vuelva a ser la primera escuela.

La práxis de las virtudes en el hogar son un estupendo espacio de aprendizaje, donde los padres pueden dar el mayor regalo posible a sus hijos, una educación de primera mano.

Frente a la impaciencia, cuan edificante es el ejemplo de los padres para los hijos, cuando les enseñan a tener paciencia, cuando entre los adultos dicen, permiso, muchas gracias ¿Me puedes hacer un favor? Este tiempo de Covid, puede ser el tiempo que necesitábamos para rescatar a la familia de todo lo superfluo, puede ser la oportunidad de aprender a ser padres, hijos, hermanos, vecinos. La oportunidad donde la vida tenga un valor verdadero y sagrado.

Esta es la oportunidad de sanar el corazón de nuestro país, la familia… 

por César Bello.